PRESENTACIÓNLa presente publicación tiene por objeto dar a conocer el resultado de las investigaciones llevadas a cabo con el fin de establecer el origen del pueblo llamado: San Francisco de El Monte.
Estas se realizaron recurriendo a la información que posee la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos (DIBAM), también fue obtenida por medio de fotografías aportadas por vecinos y del archivo personal de este autor, se obtuvo información a través de entrevistas y conversaciones con los familiares de antiguos vecinos, se hicieron recorridos por las diversas calles, se visitaron construcciones que aún permanecen y se averiguó su historial, por otro lado este autor aportó con la mayoría de los objetos coloniales necesarios para una posterior exhibición, la Ilustre Municipalidad de El Monte aportó con un recinto en el cual funcionó el llamado “Museo Patrimonial Contemporáneo” el que estuvo abierto hasta el 27 de Febrero de 2010 debido a que fue destruido por el terremoto, volvió a estar a disposición del público 2 meses después en nuevas dependencias que la Municipalidad proveyó.
En la medida que se fue acumulando información esta fue clasificada haciéndose urgente la necesidad de exponerla para conocimiento de la comunidad y visitantes externos, fue así que se hizo necesario implementar un lugar de exhibición que cuenta con vitrinas, libros, y objetos coloniales de variado tipo, se estableció el horario de atención y se mantiene diariamente un libro en el cual los visitantes voluntariamente pueden escribir, con pluma y tinta, sus impresiones.
Se hizo necesario proyectar mas allá de las fronteras la historia de nuestra comuna, contratándose los servicios de mantención de un página en internet, la cual posee todos los elementos que la convierten en un museo virtual.
Además todos los Domingos se transmite un programa radial de una hora de duración en la cual se da a conocer las actividades del museo, se leen párrafos de libros de escritores chilenos, se narran anécdotas y leyendas.
HISTORIA
Los picunches “gente del norte” (para los araucanos que preferentemente residían a orilla de un curso de agua), en esta zona obviamente vivían en los márgenes del río Mapocho hasta cuando este caudal confluye con el caudaloso Maipo, al sur del cual están las montañas de Naltagua “lugar de nalcas” y Chocalan “brotes amarillos”, sitios muy visitados por los aborígenes de la zona por la abundancia de frutos silvestres y caza.
Muchos indios por esta razón levantaron sus chozas a los pies del cerro, interrumpiéndose solo en las crecidas de ambos ríos. Estos indígenas de la actual comuna de San Francisco del Monte, también eran favorecidos en sus necesidades alimentarías por una rica vegetación y abundante pesca del entonces limpio Mapocho, en cuyas márgenes construyendo sus chozas, para estar cerca del arroyo que les facilitaba el diario baño, “costumbre común del pueblo mapuche”, que les permitía mantenerse limpios y sanos, desconociendo enfermedades que después llegarían con los europeos, tales como las venéreas, viruela e incluso la gripe y resfrío, males desconocidos de los naturales chilenos. La llegada de los incas del Perú trayendo algunas técnicas agrícolas, que pusieron en practica, pero sin ser sometidos por el invasor, gracias a sus jefes, los caciques Chiñigüe y Llupeo, ambos de hábil y cordial trato.
CONQUISTA:
Fueron las huestes del sacerdote y hechicero inca Talagante quienes primero se asentaron muy cerca de los dominios del cacique Llupeo (Río Hermoso) y si bien su influencia se hizo sentir, se adaptaron a su presencia que no los afecto en absoluto en el aspecto militar, ni con los incas, ni con los españoles, ya que los indios de San Francisco del Monte de Llupeo eran pacíficos, labriegos, pescadores y cazadores, con mínima densidad poblacional dispersa en su enorme y rico territorio que no se sentían en absoluto sometidos a los extranjeros, pese a tenerlos como sus vecinos inmediatos. Pero las congregaciones religiosas fueron las que en su afán de enseñar y redimir a los nativos de los abusos de los conquistadores y aprovechando la gran amistad que entablaron don Pedro de Valdivia y el curaca inca Talagante y la continuaron sus descendientes permitiendo en 1593 a los franciscanos por intermedio de Fray Basilio Pons levantar un monasterio en sus dominios, el que fue destruido por el terremoto de 16747. Luego este fue traspasado a los Jesuitas, y al ser expulsados estos de los territorios españoles por Carlos III el 26 de agosto de 1767 dejando su capilla sin atención cristiana. A petición de los propios indios al rey de España, fue que este le donó a la orden franciscana un terreno donde se levantó el templo a fin de evangelizar la reducción del Cacique Llupeo, desde entonces la aldea que surgió a la vera del convento se conoció con el nombre de San Francisco del Monte, pero teniendo la precaución de tomar las medidas en caso de algún ataque indígena. Este consistía en un túnel que salía desde el templo, cruzaba la plaza en dirección norte rumbo al “monte” (cerro del cual después tomó su nombre del pueblo) por cuyo contorno se desplazaba el tranquilo río Mapocho que lo separaba del pueblo de indios de Talagante, en donde dicho cacique era protegido por los conquistadores españoles y por ende se constituía en el lugar mas seguro al que podía dirigir en una emergencia bélica. La cual siempre esta latente y quedó comprobada con el tiempo cuando la fiera resistía de los mapuches desde el río Biobio al sur, vino a cambiar la quietud de la zona de San Francisco del Monte.
Los hispanos fueron derrotados y expulsados desde la ciudadela de Osorno en 1602 la que había sido reconstruida en el mismo sitio donde se levantó el primer fuerte en esa zona nueve años atrás con el nombre de Santa Marina de Gaete y reducida a cenizas por los indígenas. Mas la tozudez hispana la reconstruyó por orden del Gobernador García Hurtado de Mendoza con desastrosos resultados al ser barrida por los araucanos y sus pobladores reubicados en diversos lugares. Las monjas Clarisas fueron llevadas a Chiloe. Desde allí Fray Juan Barbero las trajo a Santiago y luego a San Francisco del Monte, nombre del santo patrono de la aldea y con el cual se conoció desde entonces la actual ciudad, la que a partir de ese momento comenzó a tener importancia en el devenir nacional. Las monjas Clarisas enseñaron aquí a los indios el trabajo de cerámica policromada, costumbre que ha prevalecido durante siglos. Luego llegaron otros vecinos de gran alcurnia como fue don Ignacio de la Carrera Cuevas y Lisperguer, la hacienda de San Miguel, que estaba ubicada a los pies del lado sur del cerro La Campana y cercándolo por el este lo hacia el sinuoso río Mapocho. Allí pasaron su infancia y juventud quienes un día serían protagonistas principales de la lucha por la independencia de Chile, como lo fueron los hermanos Carrera. Estos niños junto a su inquieto amigo Manuel Rodríguez en infinidad de veces corrieron por las faldas del cerro vecino y ya jóvenes se aventuraron a cruzar el río Mapocho para internarse en las montañas de Naltagua, cubiertas de hermosos parajes y cascadas naturales que invitaban a la aventura y desde su cima mas occidental observaban la marcha del caudal que se dividía en múltiples brazos formando un archipiélago de verdes islas que causaban su admiración y muchas veces bajaron para bañarse en las cristalinas aguas del estero Angostura que bordeando el cerro y entre sauces y canelos zigzagueando alegremente al encuentro de los demás del inquieto Maipo. Ese era el valle de tan especial característica llamado “El vada de Ronquen” por el cual pasaba en su extremo oriental la ruta colonial hacia el conflictivo suelo araucano.
Años después José Miguel Carrera se convirtió en un apuesto muchacho que encontró el amor en una doncella naltagüina, que al parecer ya tenía dueño y tuvo que batirse a duelo de puñal con su rival en la planicie de San Antonio de Naltagua, alzándose como vencedor, pero fue enviado castigado a casa de su tío materno en Lima, logró huir y retornar a Chile. Nuevamente radicado en San Miguel del Monte su padre lo nombró administrador de la hacienda con el objeto de detener el robo de ganado que sufría su propiedad a mano de los indios. Estas rapiñas indianas nacidas al fragor de la guerra de Arauco se extendieron a la zona central con enormes pérdidas para los pobladores de origen europeo. Don José Miguel inició las pesquisas en El Monte, El Paico, Vado de Ronquen (Isla de Maipo) y Naltagua, lugar donde encontró a los indios faenando animales robados a su padre. En la refriega resultaron heridos el cacique Placencia y un niño. Carrera debió pagar una fuerte multa por atacar a los indígenas y se le personó el encarcelamiento por el repentino fallecimiento de su madre. Días después el joven se marchó a Europa para enrolarse en el ejército del rey que luchaba contra Napoleón, fue herido en la batalla de Ocaña y por su valor se le ascendió el grado de sargento mayor.
Retornó a Chile totalmente cambiado al comprobar que en España los americanos eran mirados como indígenas auque en el nuevo mundo fueran grandes personajes.
Fueron las huestes del sacerdote y hechicero inca Talagante quienes primero se asentaron muy cerca de los dominios del cacique Llupeo (Río Hermoso) y si bien su influencia se hizo sentir, se adaptaron a su presencia que no los afecto en absoluto en el aspecto militar, ni con los incas, ni con los españoles, ya que los indios de San Francisco del Monte de Llupeo eran pacíficos, labriegos, pescadores y cazadores, con mínima densidad poblacional dispersa en su enorme y rico territorio que no se sentían en absoluto sometidos a los extranjeros, pese a tenerlos como sus vecinos inmediatos. Pero las congregaciones religiosas fueron las que en su afán de enseñar y redimir a los nativos de los abusos de los conquistadores y aprovechando la gran amistad que entablaron don Pedro de Valdivia y el curaca inca Talagante y la continuaron sus descendientes permitiendo en 1593 a los franciscanos por intermedio de Fray Basilio Pons levantar un monasterio en sus dominios, el que fue destruido por el terremoto de 16747. Luego este fue traspasado a los Jesuitas, y al ser expulsados estos de los territorios españoles por Carlos III el 26 de agosto de 1767 dejando su capilla sin atención cristiana. A petición de los propios indios al rey de España, fue que este le donó a la orden franciscana un terreno donde se levantó el templo a fin de evangelizar la reducción del Cacique Llupeo, desde entonces la aldea que surgió a la vera del convento se conoció con el nombre de San Francisco del Monte, pero teniendo la precaución de tomar las medidas en caso de algún ataque indígena. Este consistía en un túnel que salía desde el templo, cruzaba la plaza en dirección norte rumbo al “monte” (cerro del cual después tomó su nombre del pueblo) por cuyo contorno se desplazaba el tranquilo río Mapocho que lo separaba del pueblo de indios de Talagante, en donde dicho cacique era protegido por los conquistadores españoles y por ende se constituía en el lugar mas seguro al que podía dirigir en una emergencia bélica. La cual siempre esta latente y quedó comprobada con el tiempo cuando la fiera resistía de los mapuches desde el río Biobio al sur, vino a cambiar la quietud de la zona de San Francisco del Monte.
Los hispanos fueron derrotados y expulsados desde la ciudadela de Osorno en 1602 la que había sido reconstruida en el mismo sitio donde se levantó el primer fuerte en esa zona nueve años atrás con el nombre de Santa Marina de Gaete y reducida a cenizas por los indígenas. Mas la tozudez hispana la reconstruyó por orden del Gobernador García Hurtado de Mendoza con desastrosos resultados al ser barrida por los araucanos y sus pobladores reubicados en diversos lugares. Las monjas Clarisas fueron llevadas a Chiloe. Desde allí Fray Juan Barbero las trajo a Santiago y luego a San Francisco del Monte, nombre del santo patrono de la aldea y con el cual se conoció desde entonces la actual ciudad, la que a partir de ese momento comenzó a tener importancia en el devenir nacional. Las monjas Clarisas enseñaron aquí a los indios el trabajo de cerámica policromada, costumbre que ha prevalecido durante siglos. Luego llegaron otros vecinos de gran alcurnia como fue don Ignacio de la Carrera Cuevas y Lisperguer, la hacienda de San Miguel, que estaba ubicada a los pies del lado sur del cerro La Campana y cercándolo por el este lo hacia el sinuoso río Mapocho. Allí pasaron su infancia y juventud quienes un día serían protagonistas principales de la lucha por la independencia de Chile, como lo fueron los hermanos Carrera. Estos niños junto a su inquieto amigo Manuel Rodríguez en infinidad de veces corrieron por las faldas del cerro vecino y ya jóvenes se aventuraron a cruzar el río Mapocho para internarse en las montañas de Naltagua, cubiertas de hermosos parajes y cascadas naturales que invitaban a la aventura y desde su cima mas occidental observaban la marcha del caudal que se dividía en múltiples brazos formando un archipiélago de verdes islas que causaban su admiración y muchas veces bajaron para bañarse en las cristalinas aguas del estero Angostura que bordeando el cerro y entre sauces y canelos zigzagueando alegremente al encuentro de los demás del inquieto Maipo. Ese era el valle de tan especial característica llamado “El vada de Ronquen” por el cual pasaba en su extremo oriental la ruta colonial hacia el conflictivo suelo araucano.
Años después José Miguel Carrera se convirtió en un apuesto muchacho que encontró el amor en una doncella naltagüina, que al parecer ya tenía dueño y tuvo que batirse a duelo de puñal con su rival en la planicie de San Antonio de Naltagua, alzándose como vencedor, pero fue enviado castigado a casa de su tío materno en Lima, logró huir y retornar a Chile. Nuevamente radicado en San Miguel del Monte su padre lo nombró administrador de la hacienda con el objeto de detener el robo de ganado que sufría su propiedad a mano de los indios. Estas rapiñas indianas nacidas al fragor de la guerra de Arauco se extendieron a la zona central con enormes pérdidas para los pobladores de origen europeo. Don José Miguel inició las pesquisas en El Monte, El Paico, Vado de Ronquen (Isla de Maipo) y Naltagua, lugar donde encontró a los indios faenando animales robados a su padre. En la refriega resultaron heridos el cacique Placencia y un niño. Carrera debió pagar una fuerte multa por atacar a los indígenas y se le personó el encarcelamiento por el repentino fallecimiento de su madre. Días después el joven se marchó a Europa para enrolarse en el ejército del rey que luchaba contra Napoleón, fue herido en la batalla de Ocaña y por su valor se le ascendió el grado de sargento mayor.
Retornó a Chile totalmente cambiado al comprobar que en España los americanos eran mirados como indígenas auque en el nuevo mundo fueran grandes personajes
INDEPENDENCIA:
El cambio en la personalidad de don José Miguel Carrera en 180 grados pues su estilo altanero lo cambio por la entrega total a la libertad de su patria, ocupando él y sus hermanos Luis Florentino y Juan José los más altos cargos en el bando patriota a un precio altísimo, pues don Juan y don Luis fueron acusados de montoneros y fusilados el 8 de abril de 1818 en Mendoza, (tres días después de la batalla de Maipú). Los siguió en el camino de la venganza de la Logia Lautarina compuesta de cinco miembros, tres argentinos y dos chilenos y de la cual eran miembros Sanmartín y O’Higgins. Esta organización declaró enemigo de todo gobierno al amigo y vecino de la infancia de los hermanos Carrera don Manuel Rodríguez, que cuarenta y tres días después corría igual suerte al ser asesinado por la espaldo en Tiltil el 20 de Mayo de 1818.
A partir de entonces la persecución contra los Carrera y sus seguidores se hizo cruel en extremo al ser asolada en múltiples ocasiones la hacienda de San Miguel de El Monte por escuadrones O’Higgianos que buscaban en las malezas y pajales a sus supuestos e inexistentes enemigos. La malvada persecución no vaciló en nada para martirizar a los carrerinos, ya que el 13 de Mayo de 1819 una comisión integrada por José Gregorio Argomedo y notario público llegaron hasta El Monte, para desde allí dirigirse a la hacienda de San Miguel con el fin de cobrarle a don Ignacio de la Carrera (un anciano de 86 años de edad) la suma de cieno noventa y cinco pesos y siete reales, que habían quedado pendientes por el proceso y trámite del fusilamiento de sus hijos Luis Florentino y Juan José en el pueblo de Mendoza. Días después llegaba sorpresivamente el capitán Hilario Vial al mando de 50 jinetes sembrando el pánico y la destrucción en San Miguel.
Todas estas tropelías llenaron de pavor a la población de San Francisco, Don José Miguel Carrera al fracasar su anhelada empresa de liberar a Chile, perder la flota de guerra que adquirió en Estados Unidos con el mismo objetivo. Saber la muerte por fusilamiento de sus hermanos en Mendoza. No encontró otra alternativa que hacerse montonero, estado semi delictual con el cual tuvo sitiado a Buenos Aires y asoló diversas poblaciones logrando un enorme prestigio entre los indígenas de la pampa, asoló con ellos las enormes planicies, siempre mirando la posibilidad de retornar a su amada patria. Cayó prisionero después de la derrota de Punta del Médano y tras un largo juicio se le fusiló también en Mendoza el 4 de Septiembre de 1821.
Entre tanto en San Francisco del Monte, la hacienda San Miguel y sus alrededores, las crueldades en contra de los carrerinos continuaban en forma implacable. La propia escritora inglesa María Graham Dundas que escribió el libro “Mi residencia en Chile 1822”, un día antes de cruzare el vado de Lonquen (Isla de Maipo) encontró en Viluco al desterrado Lastra, que era hijo de doña Javiera Carrera, el cual debía hacerse el demente (loco como el mismo se definió). Este joven vivía oculto en el bosque, durmiendo en cavernas de la montañas y alimentándose con raíces de árboles, amen de vivir en constante fuga para escapara de la furia anticarrerista impulsada por el gobierno de O’Higgins y doña Javiera Carrera debió asilarse en Montevideo bajo la protección de las tropas portuguesas de ocupación. Ella quien bordó la primera bandera que tuvo Chile, envió a Mendoza a su amigo llamada Miguel Cornejo, natural de El Paico, el cual se puso en contacto con el “carrerino” Toribio Rojas natural de San Francisco del Monte y entre ambos una noche se robaron la calavera de don José Miguel Carrera, que estaba expuesta frente al Cabildo de Mendoza y sorteando mil dificultades la trajeron a Chile. Tiempo después regresó doña Javiera la cual conservó con cariño la calavera de su hermano en El Paico.
A estas alturas el cacique Llupeo era el heredero por quinta generación de los extensos dominio de sus antepasados, suelos que se habían reducido enormemente, perdió el dominio de las dos terceras partes del pueblo de San Francisco, el cual se le agregó el nombre de El Monte, por estar cerca de la montaña y como una manera tan bien usada por los colonos para quitarles la tierra a los indios.
Llopeo amenazaba con ir a Santiago a denunciar los abusos en su contra, hechos por los comandantes sin llegar a concretar nunca tal acusación, al conformarse con los adelantos que hacía en su hogar gracias a la civilización, como era el haber hecho ventanas a su vivienda y contar con terrenos muy bien cultivados con el trabajo de su familia y de los indios del lugar, que aun lo respetaban como su cacique, al que debían obediencia. Pero lentamente se fueron integrando a los cambios, al adoptar las costumbres del chileno y estos a la vez también tomaron muchas costumbres de los indígenas a tal extremo que casi no había diferencia entre ambas culturas, fuera de las que estaban muy arraigadas, como el caso de los aborígenes que veneraban el canelo y sus danzas ascentrales. Tradición que los franciscanos al no poderla cambiar, invitaron a los picunches a practicar sus bailes dentro del templo, pero en honor de la Virgen de la Merced. Situación que cambio a causa del exterminio contra los Carrera existente en San Francisco del Monte, que muchos lugareños en un acto de fe y temor religioso, pensaron tal vez que dada la situación de terror reinante podía ocurrir un sacrilegio en el templo.
Entonces tomaron la imagen de Nuestra Señora de La Merced huyeron con ella hacia el archipiélago del vado de Ronquen, convirtiéndose en los primeros colones de la actual ciudad de Isla de Maipo, pueblo que con el tiempo le dedicó su devoción al atribuirle el milagro que salvo a la aldea de una inundación y desde entonces anualmente le celebra su hermosa fiesta y mes de La Merced.
Entre tanto la nueva parroquia de San Francisco del Monte era inaugurada el 13 de Octubre de 1824 El Monte recibía el título de “Villa” el 12 de Septiembre de 1895.
LA REPÚBLICA.
San Francisco del Monte lentamente fue cicatrizando las heridas del drama de los hermanos Carrera y afianzándose como un pueblo floreciente donde nació don Manuel Roble, el autor de nuestro primer himno nacional, y el cual llegó a principio del siglo XIX le vía férrea y surgió la estación de El Monte. Casi simultáneamente se construye el enorme puente carretero sobre el río Mapocho como parte de la ruta hacia Melipilla y el Puerto de San Antonio, puente en el cual no se tuvo la visión del enorme progreso que tuvo la zona y se levantó con un a solo vía. En 1909 se completaron las instalaciones para explotar a gran escala el mineral de Naltagua en el cual se extraían las riquezas de los cerros de esta montaña que desde hacia cincuenta años se trabajaba en forma artesanal, al trasportar el mineral a lomo de mula, donde al mas importante empresario era don Nicasio Hidalgo, dueño de una gran recua de estos nobles animales.
La nueva y revolucionaria tecnología de la fundición daba vuelco espectacular a la explotación del cobre naltaguino, pues una red de trenes mineros de trocha angosta que se internaban en la montaña desde El Agua Dulce en El Rosario hasta las vetas del Carmen Alto en Chocalán, cruzando túneles llegando al centro de unión de la vías llamado Trinidad en el cual por medio de un ingenioso sistema se suben capachos vacíos y bajan los que vienen cargados de mineral extraídos en los diversos piques para ser conducidos a El Establecimiento donde estaba la fundición que en forma ininterrumpida purifica el cobre, que una vez procesado volvía a embarcarse. Ahora su destino final eran las grandes usinas europeas. Pero para llegar al Puerto de San Antonio tenía que cruzar los ríos Mapocho y Maipo en un tramo de seis kilómetros. Esta distancia era cubierta en tres fases. La primera salía desde el mineral de Naltagua hacia la puntilla de San Antonio en un tren que paraba en el puerto de San Antonio.
Desde San Francisco del Monte los capachos del andarivel retornaban cargados con mercaderías y alimentos para los 650 trabajadores y sus familias que en total pasaban de 3500 habitantes, de muy bien nivel económico, de esta forma el pueblo de El Monte adquirió gran importancia y movimiento comercial por ser el corazón que activaba el mineral.
El personal de la estación fue uniformado y la ciudad se hermoseaba a partir de las mas que centenaria iglesia de San Francisco ubicada junto a su Plaza de Armas, por cuyo centro pasa el meridiano 71 de nuestro planeta.
Pero había un problema que resolver entre el mineral y el pueblo de San Francisco del Monte, y este no era otro que el distrito de Naltagua formaba parte de la comuna de Chocalan, la cual estaba en proceso de eliminación. De manera que con mucha audacia las autoridades montinas favorecidas por el hecho de que todo el movimiento del mineral se hacia desde el territorio, se pusieron en contacto con el senador José Tocornal presentándole sus aspiraciones de que Naltagua pasara a depender de la comuna de El Monte. El éxito fue magnifico ya que el 15 de diciembre de 1909 el parlamentario presento la solicitud al Congreso Nacional, siendo aprobada. A partir de esa fecha Naltagua fue el distrito regalón de San Francisco del Monte, ya que su enorme riqueza le permitía progresar más que todas las comunas vecinas juntas, las cuales estaban en muy mal pie para competir con San Francisco del Monte en este sentido. Melipilla y Talagante estaban demasiado distante del yacimiento, Isla de Maipo que desde hace solo 10 años es municipio, se encuentra separada de Naltagua por el curso del río Maipo, carece de ferrocarril cerca, pues Lonquen que está en su jurisdicción es estación ferroviaria, pero está muy lejos del mineral. De manera que el único contacto con ese rico yacimiento radica en que más de la tercera parte de los trabajadores del mineral son isleños.
Cuando la empresa francesa “Societe des Mines de Cuivre” con asiento en París del industrial Conde de Saint Semé puso en marcha el mineral con su fundición, se trasladó a Europa dejando de reemplazante al Señor Henry Hall quien la condujo por el camino del éxito antes de dejar el puesto a Jules Bouliniers el cual consolidó plenamente la marcha del mineral hasta ubicarlo como el más importante de la Provincia de Santiago como se llamaba entonces la Región Metropolitana.
El Monte entre tanto estaba en su apogeo, los trabajadores que se desempeñaban en la estación ferroviaria fundaron el Club de Andarivel de El Monte, institución considerada entre las más poderosas de todas
las entidades deportivas de las comunas del Gran Santiago. El activo comercio del pueblo se multiplicaba a
fines de semana cuando los mineros de Naltagua cruzaban el Maipo en la lancha sostenida por el mineral para abordar los caminos y góndolas que los conducía luego de pasar el largo puente de cemento al centro de San Francisco del Monte, donde adquirían sus necesidades alimenticias, medicinales, vestuarios y de paso divertirse en las quintas de recreo que eran el imán de los hombres. Entre tanto los salones de belleza cumplían igual tarea entre las damas. Pero quienes llegaban a El Monte no eran solo los mineros, sino que también lo hacían los campesinos del fundo San Vicente (propiedad donde estaba la fundición de Naltagua), los que con menos recursos económicos pero con similares ganas de pasarlo bien, se dirigían a la ciudad montina anhelando echar una cana al aire después de las duras jornadas semanales en la campiña naltagüina.
Antes de que existiera el andarivel que unía San Antonio de Naltagua y el pueblo de Lo Chacón en la confluencia de los ríos Mapocho y Maipo. Es bueno recordar que en San Antonio había una fábrica de aceite de oliva y grandes sementeras de trigo amen de otros cereales. Esta peligrosa travesía en balsa terminó cuando se empezó a hacer los envíos en forma más segura por medio del andarivel y San Antonio de Naltagua como La Higuerilla recibían sus necesidades por el mismo medio. En múltiples ocasiones el andarivel sirvió como transporte de los más osados pasajeros que se atrevían a abordarlo aún en las peores condiciones climáticas y con ambos ríos desbordados Si viene a la ciudad de San Francisco del Monte o a los hermosos distritos de El Paico, Lo Chacón o San Miguel, en todos sus rincones encontrará el recuerdo de los hermanos Carrera y los rastro de la bella época del mineral de Naltagua que marcó el máximo apogeo que vivió este hermoso e histórico pueblo.
Decreto fechado el 25 de Febrero de 1814
que declara Villa a la Población de
San Francisco del Monte.
Santiago 25 de Febrero de 1814.
El Gobierno se conforma en todas sus partes con el anterior dictamen del Ministerio Fiscal de lo Civil y Hacienda, sobre la solicitud entablada por el padre Guardián y Síndico del convento de San Francisco del Monte, para que se declare por Villa aquella población bajo las condiciones que expresan en su presentación. Por tanto, decreta que desde esta fecha será llamada “Villa Deseada de San Francisco del Monte” y para el arreglo y organización de sus calles, repartimiento de solares y otras cosas anexas a tan interesante establecimiento, se comisiona al Padres Ex Provincial, Dr. Fray Francisco Javier Guzmán, al actual Guardián Fray José Saavedra y a Don Manuel Valdés y Bravo, con la calidad que cuando la villa pueda pagar el terreno y edificio de la recova pueda reasumirla para sus propios:
Concediéndole por ahora al convento la gracia de que pueda cobrar el derecho de sombra dedos reales diarios, en que se ha calculado, en compensativo del gasto que va a hacer en levantar dicha recova, Tómese razón de este decreto en las oficinas que correspondan.
Transcríbase a los comisiones y publíquese en el Monitor Araucano.
ALDEA DE SAN FRANCISCO DEL MONTE AÑO 1875
Esta población está situada en la marjen del río Mapocho en el límite oriente del Departamento de Melipilla i sobre la carretera que viene del Santiago, según un reciente acuerdo de la Municipalidad de Melipilla, deslinda: al Norte i Oriente con la Hacienda de San Miguel, al Sur con el Río Mapocho i al Poniente con los Fundos de Nicolás Vargas i Miguel Osorio, continuando hacia abajo hasta el caserío de Lo Chacón. San Francisco del Monte es una aldea completamente descuidada, sus casas repartidas en callejones tortuosos son viejas y de feo aspecto, en el costado poniente de la pequeña Plaza que posee este pueblo está la iglesia de San Francisco construida en el año 1690, por el Padre Andrés Corso i reedificada en el año 1796.
Esta aldea es sin duda la población más antigua del Departamento de Melipilla.
El área que ocupa el pueblo mide una extensión, más o menos de treinta cuadras cuadradas, las que están divididas en pequeños fundos dedicados por sus propietarios al cultivo de la vid, que riegan con agua del canal de San Miguel en el cual tienen parte.
En la calle principal, que no es sino el camino público, está la estafeta o administración de correos, que envía i recibe diariamente la correspondencia de Santiago i Melipilla por las agencias de coches que pasan por allí
SUBDELEGACIÓN SEGUNDA DE SAN FRANCISCO DEL MONTE AÑO 1875
La subdelegación segunda de San Francisco del Monte limita del modo siguiente: al Poniente por el limite Oriente de la primera subdelegación, al Sur por el Río Maipo, desde el punto donde enfrenta a la acequia de los Ahorcados hasta la confluencia del Río Mapocho, con dicho Río al Oriente, por el Río Mapocho hasta la puntilla de San Miguel, y al Norte por la cima de los cerros de San Miguel, Pelvín Larrea i Chiñigüe.
DISTRITOS DE SAN FRANCISCO
DEL MONTE
DISTRITO Nº1: Al Oriente por el Río Mapocho hasta la puntilla de la Resquinoa; al Norte por la cima de los cerros que dividen la hacienda de San Miguel de Mallarauco i Pelvín; al Poniente por la acequia que pasa por el fundo de Calixto Cárdenas i al Sur por el Río Mapocho.
DISTRITO Nº2 DE LLOPEO: Sus límites son: al Oriente, el límite Poniente del Distrito Nº1; al Norte la zanja que divide el pueblo de Llopeo de la Hacienda de San Miguel; al Poniente el callejón de los Jaras, antes de Turrietas i al Sur el Río Mapocho.
DISTRITO Nº3 DE LO CHACON:
Limita al Oriente por el límite Poniente del distrito de Llopeo; al Norte por el camino público de Melipilla, al Poniente por el callejón de Figueroa i al Sur por el Río Mapocho.
DISTRITO Nº4 DEL PAICO: Sus límites son: al Oriente el límite Poniente del distrito de Lo Chacón, al Norte la cima de los cerros que dividen Mallarauco de
Chiñihüe i Larrea; al Poniente, la acequie de los Ahorcados; i al Sur el Río Mapocho hasta su confluencia con el Río Maipo.
Se investigó a demás alguna haciendas de la época:
HACIENDA EL PAICO
AÑO 1875
La hacienda Del Paico, tiene su propio canal que lo arranca del Mapocho por la Hacienda San Miguel, entrando en este fundo por un túnel de 110 metros, i otros tantos de tajo abierto. El trayecto total de este canal es de 23 Km., su capacidad de 25 a 30 regadores i fertiliza, 625 cuadras con los derechos que tiene a los otros canales de San Miguel i de Chiñigüe.
LA HACIENDA DE SAN MIGUEL
La Hacienda de San Miguel y Chiñihüe sacan del Río Mapocho canales importantes, el de la primera con capacidad para 25 regadores i el de la segunda para 30 en una longitud de 23 kilómetros.
HACIENDA HUAULEMU
El canal de Huaulemu de extensión como de 30 kilómetros 1 con su boca – toma en el Mapocho lleva a los campos de esta magnífica hacienda un caudal de 20 regadores.
MINERAL Y FUNDICIÓN DE NALTAGUA
Junto con iniciarse el año 1909, se concluían las instalaciones del establecimiento minero de Naltagua y en e mes de Agosto cambió su artesanal explotación por un moderno sistema, gracias a capitales franceses.
El establecimiento minero de Naltagua, después del Teniente, era el más importante de la zona central del país.
Su influencia se sentía desde Paine a Melipilla, entonando la economía de campos y cuidades Las mercaderías se adquirían en Santiago, conduciéndolas en tren has San Francisco del Monte, y desde ese punto en andarivel hacia Naltagua.
Los 650 trabajadores del mineral estaban perfectamente organizados en poderosos sindicatos que obtenían grandes beneficios y acuerdos ventajosos, estimulando a los campesinos en el cual estaba el establecimiento a seguir su ejemplo.
Las mujeres de los minas también estaban organizadas.
La rede del mineral funcionaba en dos niveles. El primero y más alto, podía transitar desde la mina La Carpa en el Rosario, a su similar a San Ramón en San Antonio de Naltagua, pasando por un túnel de más de 100 metros. El segundo nivel, iba desde El Buitre hasta la fundición
Entre los trabajadores Montinos del trasporte ferroviario, había un funcionario al que se puede calificar como una auténtica maravilla de la voluntad de Dios. Era Alejandro Tapia, su labor consistía en seleccionar el carbón y muy especialmente en los tiempos fríos y lluviosos, tenía que echar arena en la vía formando una cremallera artesanal, muy eficaz en impedir que las ruedas resbalaran en el riel, todo esto resulta muy natural para una persona normal pero Don Alejandro Tapia era totalmente ciego.
Sin embargo, todo el intenso movimiento extrayendo la riqueza de las entrañas de la tierra, para su despacho a los mercados extranjeros hubiera sido estéril o antieconómico, sin no estuviera funcionando el andarivel a seis kilómetros de extensión cuyo comando estaba en la estación de San Francisco del Monte, desde allí se enviaban los “capachos”, uno tras otro, llevando sacos repletos de mineral de ley a fin de extraer el cobre y también el de oro, luego de Naltagua hasta la Puntilla de San Antonio, llegaba el pequeño convoy de trocha angosta, tirando carros colmados de barras de cobre.
Lo único claro es que a Naltagua vía andarivel llegaban sacos llenos de mineral de vetas importantes, situadas a cientos de kilómetros de distancia. Entre los más ricos yacimientos que enviaban mineral a la fundición de Naltagua estaban: El Chivato de Maule, también La Disputada, Alhué, El Cobre, El Soldado, Andacollo, Bellavista de San Felipe, etc.
Aquí en Naltagua se fundía con sumo cuidado purificando el oro y luego este metal era cubierto de unos baños de cobre para sacarlo con destino a Europa, pagando un arancel de irrisorio por cada barra valorada en una fortuna.
Anuncio: “Anuncio ofreciendo sitios en San Francisco del Monte”
Los Pobres y Artesanos que quieran sitios para vivir en la nueva población que se hace en San Francisco del Monte, ocurran al Prelado de aquel convento o a los comisionados Don Manuel Valdés y Reverendo Padre Ex Provincial, Fray José Javier de Guzmán.
Decreto fechado el 25 de Febrero de 1814
que declara Villa a la Población de San Francisco del Monte.
EL MONITOR ARAUCANO
Viernes 4 de Marzo de 1814
En el convento de San Francisco del Monte, se celebraron los capítulos Provinciales de 1680 y 1686 en que salieron elegíos los padres Fray Alonso Briceño y Fray Pedro del Valle.
CAMINOS PÚBLICOS
(AÑO 1896)
Camino de Melipilla
Parte del Campo de Martes se dirije al poniente por la posada de Los Patos” y sigue por los Cerrillos, Malloco, Talagante, San Francisco del Monte, El Paico, Chiñihue i llega a Melipilla, recorre 66 Kms.
El Paico
Cuenta con una población de 779 habitantes, está ubicada en el camino público entre San Francisco del Monte i Melipilla i a 14 Kms., al Oeste de esta ciudad 1 a 2,5 Km. De Chiñihue.
Chiñihue: Estación de Ferrocarril a 13 Km. De Melipilla.
FUNDOS:
Fundo El Paico: pertenecía en el año de 1896 a la Señora Adelaida Cood de Guerra y tenía un avalúo de $375.000.
Fundo San Miguel: su dueña era la Señora Virginia L. de Ortiz de V. y estaba avaluado en $214.745
Fundo El Carmen: estaba avaluada en 4237.745 y pertenecía al Señor Félix Costa Laurent .
La Señora María Millate viuda de Basadre, era la dueña del Fundo El Rosario y estaba avaluado en $239.745
Fundo La Puntilla: pertenecía a Don Pedro D. Gallager y su valor era de $237.745
El Señor Juan Enrique Alcalde, era el dueño Fundo Los Mármoles y su avaluó era de $140.000.
El propietario del Fundo Santa Isabel: era el Señor Zócimo Errázuriz y tenía un avaluó de $179.650, en el año 1896.
- Informaciones principales obtenidas en la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos a través de su página www.dibam.cl.
- Fotografías y documentos de propiedad de Juan Araya Espinoza.
- Objetos, alfarería, máquinas, libros antiguos, películas de propiedad de Juan Araya Espinoza.
- Varios en calidad de préstamos por vecinos de la comuna.
Nuestros agradecimientos a:
Ilustre municipalidad El Monte
Radio Manantial de Talagante
JUAN ARAYA ESPINOZA. Director Museo Patrimonial Contemporáneo. www.museodelmonte.cl
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